miércoles 19 de noviembre de 2008

Randall Collins y la dimensión ritual de la filosofía

POR JOSÉ LUIS MORENO PESTAÑA

En su excelente biografía de Xavier Zubiri, Jordi Corominas y Joan Albert Vi-cens (2005: 137-138) narran qué produjo en el filósofo su encuentro, en medio deuna de sus recurrentes crisis religiosas, con Henri Bergson. Zubiri tenía a José Or-tega y Gasset, que ya era su maestro en la Universidad Central de Madrid, comoun gran creador cultural pero no lo situaba entre los grandes filósofos. Zubiri des-cribe su experiencia de esta guisa: Necesitaba al filósofo mismo. Una vez le encontré. En uno de los momentos más difícilesde mi vida, que exteriormente se desarrollaba sin ninguna mutación, tuve la alegría inex-presable de haber encontrado al hombre que me hacía falta, y que en algunas horas de con-versación sobre estos temas me dio más de lo que podía recibir de ningún libro. ¿Qué sucedió al joven intelectual?
En primer lugar, pasó por un punto del espa-cio social diferente de aquellos que frecuentaba, un lugar donde la filosofía se en-carnaba en uno de sus ilustres representantes. Estaba pues en un espacio sagrado,aunque de una sacralidad diferente de la que conocía en su periplo eclesiástico. Eseencuentro, de consecuencias «inexpresables», se había desarrollado cara a cara en «al-gunas horas». La fuerza filosófica que imprimía a ese encuentro la presencia corpo-ral de Bergson trascendía cualquier acopio de conocimientos imaginable: gracias aella, se le dio «más» de lo que había recibido en sus lecturas —y Zubiri, en ese mo-mento, pese a sus 23 años, ya tenía muchísimas—. Aunque la escena se desarrolló enun punto del espacio y durante un breve tiempo, en ella se hizo patente todo lo quela cultura en la que se había empapado Zubiri había acumulado alrededor del sig-nificante «filosofía». Las situaciones locales son, en buena medida (más adelante pre-cisaré al respecto), un momento del despliegue de estructuras que las trascienden.Estructuras que, en sí mismas, no son sino la acumulación de situaciones locales: es-tas les van otorgando un sentido a su conjunto y van confirmando su fuerza de irra-diación simbólica. Como dice Collins, en cada uno de los encuentros cara a cara semanifiestan esquemas simbólicos que, en parte, los organizan procedentes de un con-junto de microsituaciones que los producen y los recrean constantemente. En su par-ticular momento biográfico, Zubiri asistió a un encuentro en el que se condensaba,para él, la historia inmemorial de la filosofía. Los símbolos del grupo a los que que-ría pertenecer —verbigracia: los grandes filósofos— se manifestaban, todos ellos, enel cuerpo y las palabras del profesor del Collège de France.

UNIVERSIDAD DE CADIZ